El pan es uno de los alimentos básicos de la dieta española. Se trata sin duda del aporte de hidratos de carbono de uso y abuso diario por cada español independientemente de su origen, lengua o clase social( si aun se puede hablar de estas en nuestros días)
Ya sea en verano para migar en el gazpacho, en invierno para la sopa castellana, o simplemente para rebañar el aceite del pulpo a la gallega o un pil-pil. En todas partes, tiempos, épocas y casas está presente.
Esa mezcla simple de harina, agua, sal y levadura horneada no siente ni padece, no se queja al ser frita para unas migas o mojada en chocolate. Es la base de toda comida y con ello de los encuentros más entrañables con amigos o familia. En ocasiones es un quita penas al ser aplastado y hecho pelotillas si en alguna ocasión la conversación se tercia más profunda y angustiosa de lo esperado. Definitivamente el pan, a base de sencillez y paciencia, se hace absolutamente necesario para el sostenimiento de la comunidad.
Ser bueno como el pan significa también todo eso. Lo que no significa en ningún caso es ser imbécil e ignorante.
El abuso del pan, por ser tan silencioso este, puede llevar a una rebelión panera y a la aparición de una repulsión e intolerancia del pan hacia el abusador que dejara a este ultimo sin ese sustento tan querido, sencillamente por puro abuso.
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