martes, 28 de febrero de 2012

Also spracht König Salomon!

Estaba el Rey Salomón tan tranquilo en su trono, circundado de ciudadanos decentes, de presbíteros judaicos y alguna que otra reinecilla de poca monta, reinando sobre su pueblo. Era un pueblo que le respetaba, le quería tal y como puede querer un pueblo a un rey, un poco por romanticismo y un poco por temor. En este caso se podía añadir que también por el papel de buen consejero en casos desesperados de dificil solución, en los cuales había mostrado seriedad, calma, un poco de raciocinio y, algo de poco uso, como era el sentido común.
Tras largos periodos de paz social, sin afrentas que solucionar ni invasores a los que temer, el pueblo empezó a padecer de una enfermedad muy común y poco tratada: la desidia.
Ese fue el principio.
De la dejadez social que aquello arrastró, surgió también el desinterés, la apatía hacía los demás, el individualismo y al final, la mayor de las lacras: el egoísmo, que arrasó entre la población.
Niños, jovenes y mayores, hombres y mujeres, nadie escapó a él.
Salomón como Zaratrusta, observaba, desde el trono que le había hecho casi invisible a los demás como si de la caverna oscura del eremita se tratase. Veía y oía, sentía y olía. Percibía. Recordaba. Analizaba.
Y un día llamó a todos a la corte y les inquirió sobre aquella conducta adversa a ellos mismo, tan dañina para el mundo, en espera de que alguno despertase de su sueño particular y privado.
Pero cual fue la sorpresa, que en vez de reflexionar individualmente sobre los daños generales causados por estos desvaríos morales, el pueblo se aunó en una acusación hacia Salomón, tachándole de sabelotodo.
El rey, que era muy humano, se sintió herido y lloró.

viernes, 17 de febrero de 2012

Me han empujado! Que hago? 2

Obviamente tras un empujón...
Así empezaba la entrada anterior en la cual se describía un empujón vital que de una manera directa y a pesar de muchas vicisitudes va a llegar a buen puerto, o mejor dicho a muy buen puerto.

El caso es que finalmente el empujón fue físico. Una agresión en toda la regla. Quien se suponía que tenia todas las cartas y documentos, quien tenia un dinero que no era suyo, quien posee la propiedad y por supuesto quien tiene la fuerza, o sea el casero, el arrendador, demostró que lo que no tiene es ni cerebro ni el derecho a ser llamado persona.

Un ser burdo, inculto, bravío, sin sentido de lo legal y lo ilegal, de lo justo y lo injusto, cegado por la avaricia y la sensación de ser el ser mas inteligente sobre la tierra, se abalanzó sobre mi por defender el fruto de su avaricia, no solo provocándome heridas físicas a mí, sino también fisuras en si mismo, en su credibilidad como ser humano, como casero y como ciudadano.

Como el cazador cazado, cayó en su propia violencia y por las represalias sociales y legales de tal acción, su valía se convirtió en heces en sus pantalones y tuvo que abdicar olvidando su bastarda arrogancia.

De nuevo y por segunda vez debo estar agradecido al destino que en forma de este ser inmundo me va a facilitar acercarme más a la felicidad.

En definitiva, los empujones, en ocasiones, son de agradecer.

martes, 14 de febrero de 2012

Mudarse

Como una serpiente se muda la piel, nosotros deberíamos mudarnos anualmente por lo menos. Dejar atrás un montón de cosas escamosas que se nos han incrustado en la piel, y sacarnos de nuevo al sol sin ninguna protección primera para volver a crear otra vida de la que nos desharemos en menos de nada.
Y crecer, porque esa es una de la metas de seguir con el curso del tiempo.

Cuando te mudas, dejas atrás muchas cosas, pero también afloran muchas de las cosas que tenías enquistadas bajo el duro manto de la piel que habitas y que dejas. De repente todo comienza a moverse y removerse, hasta los intestinos se te remueven y te das cuenta de que mudarse no cambia nada si tú no cambias. De poco sirve meter los problemas en cajas y transportarlos a unos nuevos aposentos si en el camino no se ha roto alguno, en mil pedazos como un jarrón chino, que ni viejo, ni bonito, sólo seguía ahí por costumbre.

La temporada de muda de la serpiente está llegando y con ella se irán las viejas escamas, digo.