domingo, 27 de noviembre de 2011

Club de la buena estrella

Muchos han leído el libro del mismo título de la autora Amy Tan e incluso habrán visto la película, pero obviamente no se habla en este texto de dicha obra, a pesar de estar muy agradecido a la amiga que me lo regaló.
La buena estrella es aquella que sigue a los que todos conocemos como "personas con estrella" o eso es lo que se presupone. 
Si preguntamos a alguien sobre su existencia siempre nos van a referir a un amigo o algún conocido del cual se puede indiscutiblemente afirmar que ha nacido con buena estrella. Nos relatarán algunos hechos que no dejan ningún lugar a dudas sobre la acción del destino en forma más que positiva y que han traído algún beneficio inesperado e incluso inexplicable a la vida del citado. 
Ejemplos hay a miles: personas las que les toca la lotería varias veces, compañeros que, a pesar de no ser unos trepas, han ascendido meteóricamente hacía los cielos empresariales o aquella amiga del instituto que acabó casándose con un cónsul y vive una vida de ensueño en India...
Entonces llegamos a la segunda pregunta, la cual es, si alguno se siente como un afortunado o como tocado por la suerte. Pensamos un poco y para no parecer arrogantes o para no hacer sentir mal a los demás afirmamos que no, que reconocemos haber tenido fortuna en alguna ocasión pero que no llegamos a ser uno de los elegidos por el destino para gozar de una vida un tanto más fácil debido a estos golpecitos espontáneos de suerte.
Y un nos queda la última y definitiva cuestión: ¿ha sido merecido? 
...
(Pensando)
...
(Comparando)
...
(¡Por favor, objetividad!)
...
Y de repente hay que reconocer que en la mayoría de las ocasiones, los golpes de suerte son la consecuencia real de duro trabajo en muchos casos, de altas dosis de paciencia en otras, de medidas protectoras utilizadas en las momento justo o de haber seguido las normas adecuadas a las circunstancias.
Y como definitiva medida para atraer " la buena estrella" queda recomendada una gran sonrisa y un buen humor para aceptar que entre esos momentos de sol radiante siempre nos queda activar el interruptor de la luz. 


martes, 22 de noviembre de 2011

Receta para Cocido

Vamos a dejarnos de tonterías y de falsos mitos en la cocina:
Lo más importante para una buena receta son unos buenos comensales.
Mucho libro, mucho tiempo, amor y pasión, ingredientes seleccionados y medidos, cacerolas y cucharas, y un poco de llama...todo es necesario para cocinar... pero la finalidad principal y que no se debe olvidar es el comensal.
Un dia se decide cocinar cocido, ya sea madrileño, maragato o de origen más afín o casero. Y en ese preciso momento es consabida la espera y el remojo de los ingredientes.
Con un mínimo de doce horas de antelacion al comienzo de la cotura se han colocado los garbanzos en agua tibia y sal. Se han desechado los garbanzos negros. Y se anuncia así un banquete clásico en tres tiempos con abuso de grasas, minerales (por si alguien no lo sabe, los garbanzos son uno de los productos más ricos en potasio que ofrece la naturaleza), sabores y sobremesa.
Tiempo de teléfono. Unas llamadas y luego el boca a boca. El estomago a estomago.
Una noche pasa de por medio y las legumbres adivinando su función al día siguiente se engrandecen sabiendose deseadas.
Muy temprano, aun de mañana, se conjuga en la olla, lo mejor de la carne de todos los animales que nos rodean en nuestra cotidianidad: cerdos, gallinas y becerros. Y calor durante horas sin pausa.

Llega la hora de  ser servido y ahí están todos: los fideos en la sopa, los amigos en la mesa y las ganas de  compartir.  Es un primer plato liquido, reconfortante y cálido.
Una de garbanzos. -yo con caldo- para mí con patata y repollo- la mayoría los acepta así, servidos, como sea. Es un tanto ancestral, de antes de que las especies fueran más de dos. Es como el pienso perfecto para humanos.
Después nos comemos nuestra carne deleitándonos en nosotros mismos y nuestra compañía. Chorizos rojos, morcillas negras. Picadillo con guindillas.
Y se ha cumplido. Rebosantes de salud, de alegría, de grasas y aires, se miran los comensales y se saben compañeros, se saben cocidos.

Por paradojas del destino, odio los garbanzos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Bien sabe Dios!

Bien sabe dios!

Ya no nos queda ni siquiera la posibilidad de ampararnos en el amparo divino, ni que la Virgen de  los Remedios nos ayude.
San Judas Tadeo, patrón de los imposibles esta tan ocupado en estos tiempos que, cuando puede, incluso se hace el remolón a la hora de acompañar a algún hipotecado.
Por otro lado San Pancracio, salud y trabajo, que anda un poco despistado con tanto traspaso, tantas competencias, y tanta estadística demagógica se ha juntado con San Cucufato y se han puesto en huelga de milagros hasta que en un día como hoy algunos países vuelvan a la vereda del ritmo cristiano de vida, que últimamente andaba flojeando.
Estas Navidades van a parecer más una Cuaresma de procesiones al banco, silenciosas, de gente que ha sido olvidada por el espíritu de la Navidad. Seguidas de unos Reyes Magos, que mas que magos, lo que deben es ser muy ingeniosos de monólogo político porque ya mi parte de niño no se los cree.
Las vírgenes de la Caridad, Remedios, Dolores, Misericordia, Socorro y demás, desde sus lustrosos altares miraran a sus feligreses fervientes de esta raza monoteísta y castiza de esta España hoy renacida con fuerza, llena de juventudes que marcharán hacia delante, mirando por encima del hombro izquierdo la hierba verde que pisan.
Ahora más que nunca las creencias católicas recobran su actualidad y los votos hechos los domingos se verán recompensados desde muy arriba, desde la eternidad, con unos 7 u 8 años de bienaventuranzas tangibles.

Y bien sabe su Dios, que no ninguno por aquí, que a los que no creen les toca pagar ahora sus faltas en el mundo, puesto que de haber gozado del regalo del creer, podrían aplazarlo hasta después de la despedida.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Silencio, por favor!

Hablo mucho. Hablo muchísimo, incluso llego a ser pesado.
También digo muchas cosas, cuento historias, opino sobre casi todo -alardeando en ocasiones sin tener las necesarias referencias- recito, comento y en contados ocasiones canto -para alegría del mundo suele ser en privado y en época de sequía.
He aprendido a estar en silencio. Y también se escuchar.
Se podría pensar que es lo mismo pero no lo es.
Escuchar a alguien es una cualidad que se desarrolla en base a la personalidad y que esta directamente relacionada con el emisor de lo escuchado.
Estar en silencio es muy distinto. No basta con ser una persona callada o tímida. No se trata de ser taciturno, enigmático o solitario.
En el silencio se aprenden muchas cosas. Si agudizas el oído escuchas incluso el latir de tu corazón a pesar de estar rodeado de polución ambiental sonora. Es posible escuchar las historias de los que te circundan tejidas en unas cuantas frases que ellos dirán sin recato. Aprendes a desaparecer en una multitud o a reaparecer de la nada en un instante mínimo.
Estar en silencio es estar contigo mismo, con tu mente a pleno rendimiento ya sea para acercarte a algún pensamiento inacabado, ya sea para mandarte al nivel nebuloso del entresueño.
Es hablar con dios. En silencio se habla con alguien que esta ahí y que nos escucha. Se habla sin palabras pero se dice lo más sincero de nosotros mismos. Y eso es lo que yo llamo dios. Lo mas humano que tenemos y lo que nos hace divinos.

sábado, 12 de noviembre de 2011

De hadas madrinas, ángeles de la guarda y arcoiris

Se puede ser creyente o no. Se puedes ser algo religioso o muy agnóstico. Pero es puramente humano el hecho de creer. La religión y las supersticiones así como los mitos, las leyendas, las otras dimensiones o simplemente las cuestiones sobre la existencia.
Somos humanos y tenemos necesidad de ellos.
Pero en razón a qué? El hombre es débil, mejor dicho cree serlo.
Como principio existencial se plantea la pregunta sobre la propia existencia, los famosos de donde venimos y adonde vamos. Y somos tan cretinos que se la colgamos a las gallinas y a los huevos.
Lo que esta claro es el paso por aquí, el segmento que denominamos vida, que tiene un comienzo y un final. El mundo ya estaba ahí y perdura después de nosotros. Y todo ese tiempo lo
Pasamos buscando un sentido a la propia vida cuando en realidad ese mismo es el sentido. Estar y ser, ser y estar (esto va a ser imposible de traducir...)
Resumiendo, una vida larga o corta que llenamos de leyendas o creencias.
Yo soy creyente: creo en mis amigos los ángeles de la guarda, creo en las hadas que me llaman por teléfono cuando lo necesito, y por supuesto soy la persona más rica del mundo porque creo en haber encontrado la orza llena de oro al final del arcoiris en algún lugar del norte de Inglaterra.
Y de lo que venga después, ya se verá!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Las cosas que hay que desechar

Todos recordamos el día que nos encontramos con una persona que luego se ha convertido en alguien imprescindible en nuestra vida.
Ahora pensemos en los momentos maravillosos que hemos vivido con el susodicho. Tiempos de vacaciones, fines de semana. Muchas risas, quizás alcohol y a veces algunos placeres compartidos indescriptibles o secretos. Amistad en su más sana vertiente de manera muy privada.
Sólo tú sabes cuan dentro están las raíces de esa amistad, de ese caminar hombro con hombro. Es algo que llevas tan cerca del estomago que te parece tan tuyo. Es casi por decirlo una parte de ti mismo.
Pero un día falla. Y luego otro y otro más.
El confort de tenerle tan cerca de repente empieza a tornarse en enfermedad, en algo que duele y te hace mal.
No quieres separarte de él por lo que significa para ti, pero sabes que nunca volverán los buenos tiempos. Miras al futuro y lo ves sin él.
Y decides sacarlo de tu vida, desecharlo.
Las buenas amistades también acaban, es lo que resuena en tu cabeza, aunque mucho duela.
Así, lo sajas de tus adentros conservando los mejores recuerdos.
Adiós Wally! Gracias por todo!

lunes, 7 de noviembre de 2011

Las chimeneas y la eternidad

El gris es un color eterno. No etéreo ni brillante y no irradia. No hay luz grisácea.
Hay ciudades grises llenas de gente uniformada en ese color con faces cenicientas. Personas vistiendo un luto muy apagado que ni siquiera rinde honor a la muerte, que tan siquiera es negro como la profundidad del agujero donde se esconden el desamparo y la desesperanza.
No hablan entre si. Cuando intentan comunicarse las palabras se convierten en un humo malsano y maloliente que envenena el aire.
Las chimeneas suspiran lentamente, a ritmo de vientos que llegan de cualquier parte, palabras que no duran, y las abandonan en el cielo infinito y eterno.
En el cielo gris de muchas ciudades están escondidas las palabras de tantas almas muertas en soledad, que no fueron nunca pronunciadas formando una amalgama de colores que nunca llegaran a ser.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La derrota

Siempre pensamos que nuestros sentimientos son los más importantes, y no cabe duda de que en realidad lo son, para nosotros, ya que al fin y al cabo son nuestros. Pero cometemos el error de usarlos, igual que con los dolores físicos, o los problemas, como medida para comprender los de los demás.
Ver a un amigo en una situación desesperada de dolor sentimental, nos lleva sin querer a la compasión y a la simpatía, y en algunos casos incluso a ser el órgano sentimental del amigo llegando a llorar por él.
Nuestros sentimientos se convierten de repente en compartidos, e imaginamos que sentimos lo mismo que la otra persona. Desde lo más profundo de nuestro ser nos duelen los recuerdos, y los malos momentos que habíamos, con mucho esfuerzo, enterrado en la memoria. Volvemos a los días de derrota. al campo de batalla donde acabamos yaciendo sin más fuerza que la inercia de seguir respirando. Nos sentimos morir de nuevo, como morimos aquella o aquellas veces.
Pero está vez no se trata de nosotros. No somos nosotros los que estamos bajo la oscuridad de estas penas. No es nuestra batalla ni nuestra derrota. Hay un amigo ahí, que está muriendo y cayendo en el vacío de la soledad. Y, olvidando nuestros dolores, que tanto dolieron, levantamos los brazos y abrazamos al que está tan cerca para ayudarle a comenzar de nuevo.