La buena estrella es aquella que sigue a los que todos conocemos como "personas con estrella" o eso es lo que se presupone.
Si preguntamos a alguien sobre su existencia siempre nos van a referir a un amigo o algún conocido del cual se puede indiscutiblemente afirmar que ha nacido con buena estrella. Nos relatarán algunos hechos que no dejan ningún lugar a dudas sobre la acción del destino en forma más que positiva y que han traído algún beneficio inesperado e incluso inexplicable a la vida del citado.
Ejemplos hay a miles: personas las que les toca la lotería varias veces, compañeros que, a pesar de no ser unos trepas, han ascendido meteóricamente hacía los cielos empresariales o aquella amiga del instituto que acabó casándose con un cónsul y vive una vida de ensueño en India...
Entonces llegamos a la segunda pregunta, la cual es, si alguno se siente como un afortunado o como tocado por la suerte. Pensamos un poco y para no parecer arrogantes o para no hacer sentir mal a los demás afirmamos que no, que reconocemos haber tenido fortuna en alguna ocasión pero que no llegamos a ser uno de los elegidos por el destino para gozar de una vida un tanto más fácil debido a estos golpecitos espontáneos de suerte.
Y un nos queda la última y definitiva cuestión: ¿ha sido merecido?
...
(Pensando)
...
(Comparando)
...
(¡Por favor, objetividad!)
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Y de repente hay que reconocer que en la mayoría de las ocasiones, los golpes de suerte son la consecuencia real de duro trabajo en muchos casos, de altas dosis de paciencia en otras, de medidas protectoras utilizadas en las momento justo o de haber seguido las normas adecuadas a las circunstancias.
Y como definitiva medida para atraer " la buena estrella" queda recomendada una gran sonrisa y un buen humor para aceptar que entre esos momentos de sol radiante siempre nos queda activar el interruptor de la luz.