domingo, 13 de enero de 2013

Uno más uno


Es sorprendente, en ocasiones, encontrarse con alguien sumamente inteligente. Personas que han hecho de su vida un estudio continuo y sus arduas ganas de saber cada día más les llevan a alcanzar cotas de conocimiento tan altas para otros seres humanos que casi parecen intocables. 

Haber estudiado dos e incluso tres carreras ha permitido a estas personas encontrar un lugar a nivel profesional bastante alto, el cual se merecen, por supuesto, con los beneficios colaterales referentes a sueldo y estatus que ello trae consigo. 

Matemáticas, química, ingeniería o física podrían ser algunos de estos estudios realizados. Medicina, arquitectura o veterinaria son otro grupo de especialidades.  Por otra rama también podrían ser políticas o historia, lingüística o derecho. 

Todas estas doctrinas, analizadas en profundidad, en lo que se basan es en una correlación de estudios y normas- que mucho más en las de ciencias- que hacen que el conocimiento adquirido a través de su estudio sea utilizado en primer término para la clasificación de doctrinas, comportamientos y características de hechos humanos, físicos o incluso actos universales. 

Pues bien, si nos acercamos a están personas, y más concretamente a los matemáticos o a los abogados, por llevar el tema al extremo, veremos que, con sólo unas pocas geniales excepciones, se trata de personas que necesitan de normas y líneas establecidas para dirigir todo, para clasificarlo y sobretodo para actuar. 

No existe ni un punto de imaginación, de vaguedad o duda en las decisiones y movimientos vitales ante los innumerables devaneos de la vida.

Uno más uno no siempre son dos. Un hombre y una mujer suman tres, a raíz de los resultados de la unión en caso de ser próspera. Una cucharada de aceite y una de vinagre dan una vinagreta, que sumada a una escarola dan una única ensalada. 

Vamos, que en realidad y aunque a esos cerebros privilegiados les parezca que montar el mundo sobre normas - sus normas- sea la mejor manera de conocerlo y administrarlo, un poco de fantasía y pasión pueden hacer que las cosas pasen de ser bonitas y prácticas, a maravillosas (o penosas, pero este punto no debe estar aquí, ya que de lo que se trata es de ver lo positivo).