Es sorprendente, en ocasiones, encontrarse con alguien sumamente inteligente. Personas que han hecho de su vida un estudio continuo y sus arduas ganas de saber cada día más les llevan a alcanzar cotas de conocimiento tan altas para otros seres humanos que casi parecen intocables.
Haber estudiado dos e incluso tres carreras ha permitido a estas personas encontrar un lugar a nivel profesional bastante alto, el cual se merecen, por supuesto, con los beneficios colaterales referentes a sueldo y estatus que ello trae consigo.
Matemáticas, química, ingeniería o física podrían ser algunos de estos estudios realizados. Medicina, arquitectura o veterinaria son otro grupo de especialidades. Por otra rama también podrían ser políticas o historia, lingüística o derecho.
Todas estas doctrinas, analizadas en profundidad, en lo que se basan es en una correlación de estudios y normas- que mucho más en las de ciencias- que hacen que el conocimiento adquirido a través de su estudio sea utilizado en primer término para la clasificación de doctrinas, comportamientos y características de hechos humanos, físicos o incluso actos universales.
Pues bien, si nos acercamos a están personas, y más concretamente a los matemáticos o a los abogados, por llevar el tema al extremo, veremos que, con sólo unas pocas geniales excepciones, se trata de personas que necesitan de normas y líneas establecidas para dirigir todo, para clasificarlo y sobretodo para actuar.
No existe ni un punto de imaginación, de vaguedad o duda en las decisiones y movimientos vitales ante los innumerables devaneos de la vida.
Uno más uno no siempre son dos. Un hombre y una mujer suman tres, a raíz de los resultados de la unión en caso de ser próspera. Una cucharada de aceite y una de vinagre dan una vinagreta, que sumada a una escarola dan una única ensalada.
Vamos, que en realidad y aunque a esos cerebros privilegiados les parezca que montar el mundo sobre normas - sus normas- sea la mejor manera de conocerlo y administrarlo, un poco de fantasía y pasión pueden hacer que las cosas pasen de ser bonitas y prácticas, a maravillosas (o penosas, pero este punto no debe estar aquí, ya que de lo que se trata es de ver lo positivo).
Quiero añadir mi pequeña opinión a tu publicación. Tienes razón en lo que expones y estoy de acuerdo contigo, es más pienso que estas personas tan inteligentes no saben hacer uso de ella, se dedican a memorizar todo aquello que creen que aprenden, pero no es así. Lo inteligente es aprender sin tener que hacer un uso abusivo de lo que lees ya que rompe tus principios se convierten en entes que solo se escuchan así mismos sin tener en cuenta lo que los demás piensan.
ResponderEliminarCreo que las personas inteligentes no se valen solo de lo que puedan aprender o no, creo que hay un número más altos de ignorantes que se creen con la capacidad de decidir por lo que han memorizado durante años sin ser capaces de llevar a la práctica absolutamente nada, porque no tienen ni fantasía, ni pasión en sus hechos o dichos.