jueves, 19 de enero de 2012

Comidas de familia

Alrededor de una mesa, en ciertas ocasiones, nos sentamos un poco obligados y un poco por morbo, para comernos lo que está servido. Manjares ácidos, dulces, amargos y salados. Comensales ridículos, cercanos, amistosos o molestos.
Hay un orden establecido de conversaciones y de cubiertos. En la sopa flotan muchas verdades y muchos fideos. Te pasan el pan cortado a mano o a cuchillo. Te pasan la sal y el vinagre. Llegas de invitado pero en realidad eres el postre. En otras ocasiones, entre el pescado y el sorbete se prepara la carne para ser trinchada y tú eres el que lo va a hacer. Es una bacanal en la que alguien, presente o no, acaba sajado en canal y engullido por los comensales que se sacian.
Muchas veces, y estas son las más habituales, comemos con las maneras ciertas que nos han enseñado, tragándonos lo servido, manteniendo conversaciones más insulsas que el pan, felicitando al cocinero o cocinera a pesar del poco disfrute que hemos tenido, y al final con el postre, el café y el puro, llega el alivio de terminar, levantarse de la mesa e irse lo antes posible antes de que nos salpique la sangre de la carne para la cena.


No hay comentarios:

Publicar un comentario