Hay un orden establecido de conversaciones y de cubiertos. En la sopa flotan muchas verdades y muchos fideos. Te pasan el pan cortado a mano o a cuchillo. Te pasan la sal y el vinagre. Llegas de invitado pero en realidad eres el postre. En otras ocasiones, entre el pescado y el sorbete se prepara la carne para ser trinchada y tú eres el que lo va a hacer. Es una bacanal en la que alguien, presente o no, acaba sajado en canal y engullido por los comensales que se sacian.
Muchas veces, y estas son las más habituales, comemos con las maneras ciertas que nos han enseñado, tragándonos lo servido, manteniendo conversaciones más insulsas que el pan, felicitando al cocinero o cocinera a pesar del poco disfrute que hemos tenido, y al final con el postre, el café y el puro, llega el alivio de terminar, levantarse de la mesa e irse lo antes posible antes de que nos salpique la sangre de la carne para la cena.
Muchas veces, y estas son las más habituales, comemos con las maneras ciertas que nos han enseñado, tragándonos lo servido, manteniendo conversaciones más insulsas que el pan, felicitando al cocinero o cocinera a pesar del poco disfrute que hemos tenido, y al final con el postre, el café y el puro, llega el alivio de terminar, levantarse de la mesa e irse lo antes posible antes de que nos salpique la sangre de la carne para la cena.
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