Como una serpiente se muda la piel, nosotros deberíamos mudarnos anualmente por lo menos. Dejar atrás un montón de cosas escamosas que se nos han incrustado en la piel, y sacarnos de nuevo al sol sin ninguna protección primera para volver a crear otra vida de la que nos desharemos en menos de nada.
Y crecer, porque esa es una de la metas de seguir con el curso del tiempo.
Cuando te mudas, dejas atrás muchas cosas, pero también afloran muchas de las cosas que tenías enquistadas bajo el duro manto de la piel que habitas y que dejas. De repente todo comienza a moverse y removerse, hasta los intestinos se te remueven y te das cuenta de que mudarse no cambia nada si tú no cambias. De poco sirve meter los problemas en cajas y transportarlos a unos nuevos aposentos si en el camino no se ha roto alguno, en mil pedazos como un jarrón chino, que ni viejo, ni bonito, sólo seguía ahí por costumbre.
La temporada de muda de la serpiente está llegando y con ella se irán las viejas escamas, digo.
Se irán.
ResponderEliminar