Hablo mucho. Hablo muchísimo, incluso llego a ser pesado.
También digo muchas cosas, cuento historias, opino sobre casi todo -alardeando en ocasiones sin tener las necesarias referencias- recito, comento y en contados ocasiones canto -para alegría del mundo suele ser en privado y en época de sequía.
He aprendido a estar en silencio. Y también se escuchar.
Se podría pensar que es lo mismo pero no lo es.
Escuchar a alguien es una cualidad que se desarrolla en base a la personalidad y que esta directamente relacionada con el emisor de lo escuchado.
Estar en silencio es muy distinto. No basta con ser una persona callada o tímida. No se trata de ser taciturno, enigmático o solitario.
En el silencio se aprenden muchas cosas. Si agudizas el oído escuchas incluso el latir de tu corazón a pesar de estar rodeado de polución ambiental sonora. Es posible escuchar las historias de los que te circundan tejidas en unas cuantas frases que ellos dirán sin recato. Aprendes a desaparecer en una multitud o a reaparecer de la nada en un instante mínimo.
Estar en silencio es estar contigo mismo, con tu mente a pleno rendimiento ya sea para acercarte a algún pensamiento inacabado, ya sea para mandarte al nivel nebuloso del entresueño.
Es hablar con dios. En silencio se habla con alguien que esta ahí y que nos escucha. Se habla sin palabras pero se dice lo más sincero de nosotros mismos. Y eso es lo que yo llamo dios. Lo mas humano que tenemos y lo que nos hace divinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario