viernes, 4 de noviembre de 2011

La derrota

Siempre pensamos que nuestros sentimientos son los más importantes, y no cabe duda de que en realidad lo son, para nosotros, ya que al fin y al cabo son nuestros. Pero cometemos el error de usarlos, igual que con los dolores físicos, o los problemas, como medida para comprender los de los demás.
Ver a un amigo en una situación desesperada de dolor sentimental, nos lleva sin querer a la compasión y a la simpatía, y en algunos casos incluso a ser el órgano sentimental del amigo llegando a llorar por él.
Nuestros sentimientos se convierten de repente en compartidos, e imaginamos que sentimos lo mismo que la otra persona. Desde lo más profundo de nuestro ser nos duelen los recuerdos, y los malos momentos que habíamos, con mucho esfuerzo, enterrado en la memoria. Volvemos a los días de derrota. al campo de batalla donde acabamos yaciendo sin más fuerza que la inercia de seguir respirando. Nos sentimos morir de nuevo, como morimos aquella o aquellas veces.
Pero está vez no se trata de nosotros. No somos nosotros los que estamos bajo la oscuridad de estas penas. No es nuestra batalla ni nuestra derrota. Hay un amigo ahí, que está muriendo y cayendo en el vacío de la soledad. Y, olvidando nuestros dolores, que tanto dolieron, levantamos los brazos y abrazamos al que está tan cerca para ayudarle a comenzar de nuevo.

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