martes, 22 de noviembre de 2011

Receta para Cocido

Vamos a dejarnos de tonterías y de falsos mitos en la cocina:
Lo más importante para una buena receta son unos buenos comensales.
Mucho libro, mucho tiempo, amor y pasión, ingredientes seleccionados y medidos, cacerolas y cucharas, y un poco de llama...todo es necesario para cocinar... pero la finalidad principal y que no se debe olvidar es el comensal.
Un dia se decide cocinar cocido, ya sea madrileño, maragato o de origen más afín o casero. Y en ese preciso momento es consabida la espera y el remojo de los ingredientes.
Con un mínimo de doce horas de antelacion al comienzo de la cotura se han colocado los garbanzos en agua tibia y sal. Se han desechado los garbanzos negros. Y se anuncia así un banquete clásico en tres tiempos con abuso de grasas, minerales (por si alguien no lo sabe, los garbanzos son uno de los productos más ricos en potasio que ofrece la naturaleza), sabores y sobremesa.
Tiempo de teléfono. Unas llamadas y luego el boca a boca. El estomago a estomago.
Una noche pasa de por medio y las legumbres adivinando su función al día siguiente se engrandecen sabiendose deseadas.
Muy temprano, aun de mañana, se conjuga en la olla, lo mejor de la carne de todos los animales que nos rodean en nuestra cotidianidad: cerdos, gallinas y becerros. Y calor durante horas sin pausa.

Llega la hora de  ser servido y ahí están todos: los fideos en la sopa, los amigos en la mesa y las ganas de  compartir.  Es un primer plato liquido, reconfortante y cálido.
Una de garbanzos. -yo con caldo- para mí con patata y repollo- la mayoría los acepta así, servidos, como sea. Es un tanto ancestral, de antes de que las especies fueran más de dos. Es como el pienso perfecto para humanos.
Después nos comemos nuestra carne deleitándonos en nosotros mismos y nuestra compañía. Chorizos rojos, morcillas negras. Picadillo con guindillas.
Y se ha cumplido. Rebosantes de salud, de alegría, de grasas y aires, se miran los comensales y se saben compañeros, se saben cocidos.

Por paradojas del destino, odio los garbanzos.

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